La pared pintada

En una película de catástrofe, la cámara decide rápido. Una torre se derrumba, una avenida revienta, los autos se amontonan y, entre cientos de personas que corren, aparece alguien que carga a su hija por una escalera de incendio. La cámara se queda con ellos. Los demás siguen cayendo detrás, con la nitidez suficiente para saber que son muchos y la distancia suficiente para no preguntar quiénes son. La música acompaña al elegido. El desastre puede ocupar una ciudad entera.

Lucrecia Martel ha señalado que hacen falta relatos en los que los personajes secundarios importen. Hay algo político en esa observación cinematográfica: la manera en que una historia distribuye la atención también enseña a mirar. El protagonista tiene nombre, pasado, deseos y contradicciones. Los otros forman parte del paisaje.

Algo de esa operación aparece fuera de la sala una vez que termina el film. En los noticieros, “la gente” puede designar a millones de personas diferentes entre sí. En los discursos políticos, “los argentinos” caben en una frase. En las estadísticas, millones de trabajadores pueden convertirse en una tasa. La abstracción permite hablar de muchos sin tener que mirar demasiado a ninguno. Un país también puede organizarse mediante un casting.

Desde el balotaje de 2023, y nuevamente en octubre de 2025, una parte considerable del electorado argentino eligió una promesa política construida alrededor de devolverle al individuo el control sobre su propia vida y reducir la intervención del Estado. La Libertad Avanza obtuvo alrededor del 40% de los votos y se impuso en dieciséis distritos, entre ellos la provincia de Buenos Aires. Una explicación frecuente fue el cansancio con lo conocido y la disposición a probar algo distinto.

La propuesta tenía una formulación sencilla: cada uno debía recuperar el control sobre su propia vida. Menos Estado, menos intermediarios, menos decisiones tomadas en nombre de otros. El individuo aparecía en el centro de la escena.

Los dibujos del Coyote y el Correcaminos tienen reglas. Chuck Jones, uno de sus principales responsables, estableció algunas de ellas. El Coyote compra todos sus artefactos en Acme. Ninguna fuerza exterior puede dañarlo: sus problemas deben provenir de su propia torpeza o del funcionamiento defectuoso de aquello que compró. Es un mundo extraordinariamente ordenado.

El Coyote compra, arma, prueba y falla. Vuelve a comprar, vuelve a probar y vuelve a fallar. El Correcaminos atraviesa la escena sin recibir siquiera un rasguño. La serie está contada desde el punto de vista del perseguidor, del que tiene hambre. El Coyote tiene el centro del plano, la mayor parte de la acción y casi todas las consecuencias. Le dieron el papel principal y, al mismo tiempo, le quitaron el piso.

En uno de los episodios pinta sobre una pared el camino que continúa del otro lado de un precipicio. Cuida la perspectiva, la sombra, el color del asfalto. La ilusión está bien hecha. El Correcaminos atraviesa la pared. El Coyote también lo intenta, pero no lo logra. Cae. La escena funciona porque hay una pared y porque el dibujo consigue parecer un camino.

Albert Hirschman, destacado economista y científico social, utilizó el efecto túnel para describir una reacción frente a la desigualdad. Dos carriles permanecen detenidos durante un embotellamiento. De pronto, uno empieza a avanzar y el otro sigue quieto. Quien permanece detenido puede soportarlo durante un tiempo: el movimiento de los demás también contiene una promesa. Si ellos avanzan, quizás pronto llegue mi turno.

Cuando el otro carril sigue avanzando y el propio permanece quieto, la espera cambia. Deja de parecer transitoria. Si ese movimiento ajeno continúa y el turno propio nunca llega, la expectativa empieza a volverse otra cosa. El deseo de avanzar permanece, pero la explicación se desplaza hacia el individuo: qué hizo mal, qué decisión tomó, qué le faltó, por qué no pudo.

En el segundo trimestre de 2026, la informalidad laboral pasó del 43,2% al 45% de los ocupados. Son alrededor de 10,2 millones de trabajadores informales, frente a unos 12,5 millones en condiciones de formalidad. Dentro de ese universo, los cuentapropistas pasaron de representar el 34,3% al 37,3%. No se trata únicamente de que haya más trabajadores sin recibo de sueldo. También creció una modalidad en la que una parte mayor del riesgo queda del lado de quien trabaja.

Para alguien que no tiene aportes, paritaria ni demasiadas certezas sobre el mes siguiente, la idea de liberarse del Estado puede adquirir un significado muy concreto. No hace falta imaginar una discusión abstracta sobre el tamaño del sector público. Alcanza con pensar en un trabajador que paga por su cuenta lo que antes estaba incorporado a una relación laboral, que negocia individualmente sus ingresos y que absorbe personalmente los períodos sin ingresos. El mercado puede hablarle de libertad a alguien que está pensando en cómo llegar a fin de mes.

El 17 de septiembre, el INDEC registró una desocupación del 7,9% durante el segundo trimestre. Son alrededor de 1,2 millones de personas en los 31 aglomerados urbanos relevados, el nivel más alto desde 2021. En el Gran Rosario llegó al 11,5%; en el Gran Córdoba, al 10,5%, con unas 87.000 personas sin empleo.

El desempleo tampoco afecta por igual a todos los grupos. Entre las mujeres de 14 a 29 años llegó al 17,1%, frente al 14,1% registrado entre los varones de la misma edad. Si se incorporan quienes tienen una ocupación, pero necesitan trabajar más horas o conseguir mejores ingresos porque el dinero no alcanza, la proporción asciende al 15,9%. En los registros aparecen como ocupados; en la vida cotidiana, siguen buscando cómo llegar a fin de mes.

El 24 de septiembre se conoció el informe del INDEC sobre las condiciones de vida. Durante los primeros seis meses de 2026, el 32,3% de la población quedó por debajo de la línea de pobreza, unos 15 millones de personas. En el segundo semestre de 2025 había sido del 28,2%. La indigencia alcanzó al 7,5%, mientras que entre los menores de 14 años el 44,5% residía en hogares que no lograban cubrir ese umbral.

La comparación requiere cuidado. Frente al primer semestre de 2025, cuando la pobreza había sido del 31,6%, el 32,3% del primer semestre de 2026 no representa un aumento estadísticamente significativo. La diferencia aparece al comparar semestres consecutivos: allí el salto es de 4,1 puntos. Después de una reducción registrada durante 2024 y 2025, la pobreza volvió a subir.

También aumentó la dificultad para pagar las deudas. La mora del financiamiento a las familias llegó al 12,9% en julio de 2026 y retrocedió apenas al 12,8% en agosto. En octubre de 2024 era del 2,5%. Entre febrero de 2024 y julio de 2026, la cantidad de deudores morosos había aumentado 80%, mientras que el número total de deudores había crecido 8%.

Las cifras pueden leerse por separado. Juntas describen un desplazamiento: menos empleo asalariado registrado y más personas obligadas a resolver individualmente cuestiones que antes formaban parte de una relación laboral. El salario mínimo cuenta una parte de la misma historia. En agosto se encontraba 40,5% por debajo de noviembre de 2023 en términos reales. Según el índice utilizado para actualizar la inflación, la pérdida podía acercarse al 45%. Su poder adquisitivo se ubicaba en niveles similares a los de diciembre de 2002.

Ulrich Beck describió el proceso por el cual conflictos producidos por estructuras sociales terminan convertidos en asuntos personales. La precariedad puede dejar de percibirse como una característica del sistema laboral y aparecer como el resultado de una trayectoria individual: alguien que no consiguió, que no se capacitó, que eligió mal, que no supo adaptarse.

Lauren Berlant llamó “optimismo cruel” al vínculo con una promesa que permite sostener la vida mientras, al mismo tiempo, dificulta alcanzar aquello que promete. El problema no es solamente que una expectativa pueda fracasar. Es que también puede resultar necesaria para seguir adelante. Soltarla obliga a imaginar otra forma de futuro cuando todavía no existe ninguna a la vista.

Por eso el Coyote vuelve. No ignora que el precipicio está ahí: él mismo pintó la pared. Pero el dibujo está bien hecho. Durante unos segundos, el asfalto parece continuar del otro lado. Corre porque necesita que alcance con parecer un camino. Cuando la ilusión se rompe, ya está cayendo a toda velocidad.