(No) es fútbol

Un recorrido visual y reflexivo que demuestra cómo, en la Argentina, el fútbol trasciende las líneas de cal para convertirse en un espejo de la identidad, la memoria colectiva y la superación.

Para quienes miran desde afuera, el fútbol suele reducirse a veintidós jugadores persiguiendo una pelota durante noventa minutos. Sin embargo, en un país como la Argentina, esa definición se queda peligrosamente corta. El cortometraje documental “(No) es fútbol”, de Diego Mandelman, plantea precisamente eso: una radiografía profunda de cómo este deporte funciona como el gran articulador de las emociones, los traumas históricos y la redención de toda una sociedad.

El relato transita por los recuerdos de infancia, por esos momentos en los que el fútbol se convierte en un puente mágico entre generaciones: desde la promesa de conocer a una figura mítica hasta el peso cultural que los ídolos populares adquieren en la vida cotidiana.

Esa conexión visceral se traslada geográficamente. El documental profundiza en el impacto que tuvo la llegada de Maradona a Nápoles, un reflejo en espejo de Villa Fiorito: el sur pobre y estigmatizado encontrando en un campo de juego la dignidad arrebatada y la prueba cabal de que los “hijos del barro” también podían cambiar el curso de la historia frente al poder.

La obra no elude las zonas oscuras y complejas en las que el deporte se cruza con la política y la historia trágica. A través de la mirada de excombatientes y académicos, se evoca el fantasma de la Guerra de Malvinas y cómo aquel histórico partido frente a Inglaterra, en México ’86, quedó impregnado para siempre por el dolor geopolítico, las secuelas del conflicto bélico y la dualidad imborrable entre “la mano de Dios” y la obra maestra absoluta del que muchos consideran el mejor gol de la historia de los Mundiales. El fútbol, en este punto, actúa como un canalizador de reparaciones simbólicas frente a los imperios y las heridas abiertas del Atlántico Sur.

Hacia el tramo final, el documental sintoniza con la euforia reciente: la sufrida e inolvidable gesta de Qatar 2022. Desde la tensión agónica de los penales frente a Francia hasta la redención definitiva de Lionel Messi, quien logró sacarse de encima el peso de la exigencia desmedida para instalarse, junto a Diego y Mario Kempes, en el panteón de los sueños cumplidos.

Esa línea de continuidad y sufrimiento colectivo encontró un nuevo capítulo con el Mundial de 2026, recientemente concluido. La Albiceleste volvió a emocionar a las multitudes al llegar hasta la gran final en Estados Unidos, donde batalló con el corazón en la mano hasta el tiempo extra frente a España, antes de quedar a un paso de la gloria. Lejos de empañar la mística, esa dolorosa caída en la prórroga revalidó la vigencia perpetua del sentimiento nacional y la voracidad competitiva de un equipo que sigue escribiendo páginas imborrables.

(No) es fútbol nos recuerda, en poco más de diecisiete minutos, que cada vez que una pelota rueda se pone en movimiento algo mucho más profundo que un juego o la fantasía de un pibe: la historia viva de un pueblo que insiste en trascender sus propias heridas y deseos.